Gilberto Padilla Cárdenas

Qué alivio leer a Abel Sierra Madero después de tantos historiadores patéticos que confundieron el dogmatismo con el realismo, la propaganda con la información, la censura con el meneíto. Qué alivio la prosa de Abel después de la cola interminable de machitos encorsetados, de tonantes periodistas de izquierda. Qué alivio leer a alguien que tiene la voluntad narrativa de no esquivar nada: Abel puede pasar de un chisme de Juan Reinaldo Sánchez a Michel Foucault, del periódico Granma a The New York Times sin que le tiemble un pelo. 

Estilísticamente, El comandante Playboy se adscribe a cierta tradición norteamericana de escritura de la historia (pienso en T. J. English y su bestseller Nocturno de La Habana), mucho más narrativa, menos pudorosa, que enseña que para contar un país hay que buscar tanto en los monumentos como en las alcantarillas. 

Fidel Castro logró que parte de la opinión pública de Estados Unidos, referente mundial de la libertad y el capitalismo, idealizara su figura y lo viera como una especie de «Robin Hood del Caribe». Para ello fue clave la revista «Playboy», a través de la cual llevó hasta la clase media norteamericana su visión del mundo. Así lo revela el cubano Abel Sierra Madero en un ensayo sobre la particular relación entre el imperio de la conejita fundado por Hugh Hefner y el líder revolucionario. «El comandante Playboy» aborda el desconocido papel de este grupo editorial en la difusión de una mística castrista que perdura hasta hoy.

Ana Mengotti

Aunque consideraba la pornografía una "lacra" capitalista, Fidel Castro tuvo en Playboy, la revista de desnudos femeninos más famosa del mundo, un inusual aliado para propagar sus ideas y aumentar las simpatías por la Revolución.El ensayista cubano Abel Sierra Madero expone cómo y por qué fue así en el libro "Fidel Castro. El comandante Playboy, Sexo, Revolución y Guerra Fría."

Pablo de Llano

El historiador Abel Sierra Madero, estudioso de las UMAP, explica a EL PAÍS que en estos centros se llegaba a torturar a los presos y criticaba que el Gobierno cubano nunca haya pedido perdón por ello y mucho menos resarcido a las víctimas. “Siempre han tratado de hacer ver que las UMAP fueron un error, y Fidel Castro se quitó responsabilidades diciendo que él estaba muy ocupado gobernando y no sabía lo que pasaba allí. Pero no fueron ningún error aislado. Las UMAP fueron un fenómeno sistémico de la revolución”...

Ana Prieto

El caso Padilla marcó la escisión de muchos intelectuales europeos y latinoamericanos con el régimen cubano. No hubo reconciliación posible después de la autocrítica a la que el escritor fue sometido”, dice Abel Sierra Madero, doctor en Historia por la Universidad de La Habana y autor de investigaciones reveladoras sobre las UMAPs. “El caso tuvo una resonancia que no tuvieron otros escritores perseguidos y censurados, porque se universalizó y se internacionalizó la solidaridad de los intelectuales de izquierda más conocidos, como nunca antes. Eso no volvió a ocurrir" ...

For the young Cuban historian Abel Sierra Madero, UMAP cannot be understood as an isolated institution, but as a part of a project “oriented to social and political control. That is, as a technology that involved judicial, military, educational, medical and psychiatric mechanisms.” In recent research published in the magazine Letras Libres, and later, in an expanded version for Cuban Studies, Sierra Madero, using a relentless collection of testimonies, lucidly analyzes the Castro regime’s ideology that supported these supposed “academies to produce macho men” ...

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